Defensa e insulto
El derecho de defensa es uno de los fundamentales en una convivencia libre y democrática. Todos tenemos el derecho a defendernos cuando se nos ataca. Por el contrario, no existe el derecho al insulto. Ningún texto constitucional acoge el derecho a insultar. Por ello, resulta inadmisible que la acusación fundada se replique con argumentos ofensivos, carentes de toda razón. En la presente situación española, sin embargo, abunda esa manera improcedente de proceder. El último ejemplo lo están dando algunos dirigentes de la UGT. En lugar de replicar con argumentos, se contesta la acusación insultando al que efectúa la crítica. Es una manera de actuar que se extiende peligrosamente en la sociedad de ingenuos como una mancha de aceite venenoso.