Frost, King, entrevistas y periodismo

La desaparición de David Frost, el más legendario entrevistador de la historia de la televisión desde que en 1977 logró que Richard Nixon pidiese perdón por el escándalo Watergate, nos recuerda un debate que en España no se plantea, pero en Gran Bretaña y Estados Unidos, sí: un entrevistador audiovisual, ¿es periodista, o no?

Aquí no hay duda: sí. Allí, tampoco: no. Un periodista o es reportero en activo o lo ha sido –lo que nos permite a los columnistas seguir siendo considerados, más o menos, como tales–, pero un entrevistador o un presentador de tertulias es otra cosa. Un especialista de lo suyo, no un periodista. Un periodista busca información –para él la entrevista es sólo una de las varias formas de obtenerla–, la coteja, la selecciona, la redacta y la publica.

El otro entrevistador famosísimo en el mundo anglosajón, Larry King, siempre insiste en que él no es periodista. De hecho, como Frost, jamás ha sido reportero: empezó de botones y luego locutor y disc-jockey en una emisora de Miami; Frost, tras graduarse en Filología Inglesa en Cambridge, fue actor y cómico monologuista antes de presentar un programa satírico en televisión.

En 2010 King dejó su puesto en la CNN –muy a su pesar, ya que inmediatamente siguió trabajando en una nueva emisora financiada por Carlos Slim– y criticó ligeramente la forma de trabajar de su sucesor, el periodista británico Piers Morgan, producto de la escuela de The Sun, que convierte las entrevistas en ocasiones de lucimiento, con gran agresividad hacia el entrevistado. La respuesta de Morgan no se hizo esperar:

«He intentado ser muy respetuoso con Larry: es una leyenda y estoy muy orgulloso de haberle sucedido. Pero creo que necesita callarse un poquito porque está diciendo tonterías. La razón de que seamos diferentes es que yo soy periodista y él no. Larry no es periodista ni nunca lo ha sido».

Podríamos especular mucho sobre si es más periodístico el show de Morgan que el estilo suave de King, dejando el protagonismo a sus entrevistados. Pero sí que es interesante esa distinción para comprender que, cuando en Estados Unidos se habla de crisis del periodismo, no se está hablando de telebasura, de programas del corazón en cadenas comerciales de televisión o de tertulias, que es lo que el gran público español –el que nunca lee periódicos– entiende por periodismo. Y es que, en efecto, el reporterismo, la tarea a menudo ingrata, cara y poco lucida que sustenta el verdadero periodismo, también lleva años en crisis.