El extintor de Mario Draghi
El gravísimo error cometido por los ministros de Economía y Finanzas de la Eurozona en la madrugada del sábado va camino de situarnos en una de las peores tormentas monetarias del euro. Que varias de las personas más preparadas y poderosas del continente avalaran la incautación de parte de los ahorros depositados en la banca chipriota ya no deja la más mínima duda de que la crisis no es sólo económica, sino algo peor.
Los ministros se proveyeron de una cobertura jurídica que parecía impecable. No se trata, según los abogados, de una quita o exacción, sino de una medida de carácter fiscal: un impuesto o derrama aplicable una sola vez. Pero hasta el blindaje jurídico más sólido se derrite cuando la opinión pública empieza a descubrir la verdadera dimensión de lo decidido: una confiscación indiscriminada. La ministra austriaca Maria Fekter no titubeó en admitir que se habían equivocado.
El debate sobre si la medida fue iniciativa chipriota, europea o del FMI ya tiene poco interés. Si fue europea, mala cosa. Pero si fue chipriota, esos mismos ministros europeos que estaban en la mesa de negociaciones debieron advertir a sus colegas de la isla mediterránea que estaban cruzando una línea roja que iba a traer consigo la desestabilización de la moneda única.
Cuando se remataron los acuerdos ya no estaba presente el presidente del BCE, Mario Draghi, quien había delegado en su segundo, Jörg Asmussen. Pero cualquiera de los dos tiene la experiencia suficiente como para imaginar que lo que ocurrió ayer en los mercados iba a suceder con toda seguridad.
Sobre todo para Draghi, la situación debió ser muy inquietante. La decisión chipriota va dirigida contra la línea de flotación de su plan de estabilización del euro que tan trabajosamente puso en marcha tras el verano de 2012. Primero fue su medido sermón de las siete palabras donde advirtió que haría lo que fuera necesario para salvar al euro y después la creación de las Outright Monetary Transactions (OMT) para satisfacer las necesidades de los países que pidieran rescate.
Las OMT han sido comparadas con un extintor. El problema, como lo describía un alto funcionario español, es que el extintor está tras un grueso cristal que hay que romper para usarlo. Ese cristal son las condiciones que la Troika pondría al país que pidiera rescate. El Gobierno de Rajoy ha jugado con la idea de que puede utilizar el extintor en cualquier momento para apagar una prima de riesgo disparada, pero nadie sabe cómo de grueso es el cristal que habría que romper.
Lo peor es que en su última conferencia de prensa, el representante de Bloomberg asedió a Draghi con preguntas sobre si ya tiene resueltos los problemas jurídicos que planteaban las OMT. Y no quedó rotundamente claro que esto sea así. Muchos analistas comentaron que, a lo mejor, el extintor de Draghi apenas es una pintada en una pared y no un extintor real. En eso han venido los chipriotas que le han prendido fuego al euro a la vista y paciencia de unos ministros que no les quitaron las cerillas a tiempo y les han permitido alegremente que desestabilizaran la moneda, lo cual al menos debería ser considerado negligencia o delito.
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