Juzgar o linchar
La Justicia ejemplarizante no es Justicia: es un linchamiento. Que el juez diga en su auto que con su decisión pretende «intimidar» a futuros e hipotéticos delincuentes es un escándalo. Ni la vida del empresario Fidel Pallerols, ni la de nadie, se puede utilizar para la intimidación o el escarmiento de los demás, y son las leyes -y no el momento político o la alarma social- las que tienen que condenar o salvar a un hombre.
Si dejamos la noción de la justicia y la mesura del castigo en manos de la aclamación popular, y de la multitud siempre sedienta de circo y sangre, todos acabaremos pasando por la cárcel más temprano que tarde, porque la masa amontonada se escandaliza por cualquier cosa y cualquier logro individual y ajeno lo toma como un escarnio.
Que el empresario Pallerols haya tardado 14 años en ser juzgado es lo que debería producirnos alarma y escándalo, y que el juez se sume al run-rún de la calle es un insulto a la Justicia, a cualquier garantía procesal, y un ataque en toda regla a la línea de flotación de la democracia.
Las sentencias tienen que ser ejemplarizantes en ellas mismas y tienen que basarse en los hechos objetivos y en la ley; no en el capricho ideológico del juez ni mucho menos en la dirección que aquel día corra la turba envalentonada. La alarma social es casi siempre un pretexto del resentimiento social, y no hay nada más alejado de la Justicia, ni de la democracia, ni de las garantías más elementales, que el odio con que el deslumbrante ejército de los fracasados quiere redimir su incompetencia y su culpa linchando a los demás.
La democracia es importante, las leyes son importantes y la vida y la libertad y las garantías de cada cual son importantes, fundamentales, y el orden y su mantenimiento se basan en la seguridad de que serán escrupulosamente respetadas. El día que un juez tenga que juzgarme, que me juzgue. Y que me juzgue con la ley, y no con lo que en aquel momento se comente en el barrio. Mientras tanto, no tiene que escarmentarme por nada, ni mucho menos intimidarme.
La Justicia no puede ser como las cartas de los restaurantes, que cambian según la temporada. El empresario Pallerols ha tenido que esperar 14 años a ser juzgado, ha devuelto el dinero que se supone que fue desviado, y llegó a un acuerdo con el fiscal que resultó interesante para las dos partes. Que el asunto presentara implicaciones políticas no le tiene por qué perjudicar exactamente por el mismo motivo que no tendría que beneficiarle.
¿Qué estará de moda mañana? ¿A quién tendremos que escarmentar? Con autos como el que manda a Fidel Pallerols a la cárcel nadie te puede asegurar que tu actividad, hoy perfectamente lícita y bien vista, no vaya a crear mañana alarma social a cualquier grupo de exaltados y te encuentres con un juez social y solidario que quiera intimidarnos metiéndote en la cárcel.
Incluso la corrupción política es mucho más saludable y sin duda preferible a un juez que nos quiera intimidar y que ceda a la demagogia de la alarma social para justificar sus decisiones. Sin negar que la corrupción sea un problema, lo son mucho más la lentitud de la justicia y los jueces alarmados, y no por ello vamos a asaltar los palacios de la justicia hasta meterles en la cárcel.