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Wert

POLÍTICO DEMOCRISTIANO después de alumno brillantísimo, de notas sobresalientes suponemos que por su inteligencia, tan preclara al mismo tiempo que tan poco sutil para entender que no todos podemos estar a su altura (hay que ayudar a los pobres y también a los menos listos, que el CI, como la cartera, a veces determina) Wert hizo carrera en el mundo de las encuestas. Dirigió estudios de todo tipo y a todos los niveles hasta convertirse en autoridad. Un trabajo suyo lo tituló: No le digáis a mi madre que hago encuestas políticas, ella piensa que soy pianista en un burdel, lo cual no iba muy desencaminado: en 1993 salió en las generales a decir que el PSOE iba ganando por tres puntos pero que el PP acabaría sacando más escaños. En 1996, en la amarga victoria que los sondeos daban como aplastamiento del PP, Wert reconoció que su Demoscopia, la firma de sondeos de Prisa, llevaba un año equivocándose «por un problema de identificación del votante socialista», error insólito en una empresa de Polanco, cuyo éxito no sólo fue identificar a esos votantes sino formarlos. La Ser saludaría el nombramiento de su tertuliano como «brillante sociólogo», que no hay duda que lo es: sólo un experto que haya trabajado científicamente sobre las bases de datos de los españoles, y sepa tanto de sus gustos, puede llegar a cabrearlos a todos. En un país en el que enfadar a unos cuesta por inercia la admiración de otros, Wert acaba de levantar en armas a su propio partido y quién sabe si a él mismo. La razón son las becas Erasmus, un asunto que ha abordado con inteligencia maquiavélica: concederlas sólo a los que son tan pobres que tendrían que viajar haciendo dedo. Era tal el rostro de desconcierto de Wert ayer, reconvenido por el apparatchik, que parecía a punto de concederse un lujo de polemista: «Miren, rectifico porque la marca España no puede permitirse dejar a todos esos italianos a medio follar». Algo se le escapa al ministro en el último jaleo: su error en la identificación del votante lo ha extendido al del votado, en este caso popular. El primer erasmus es él, aterrizado en el Gobierno con ganas de aprender el idioma, amoríos incluidos, y tomándose la legislatura como laboratorio de experiencias. La muestra está realizada sobre un 100% de Wert y su presencia, como en los 90, asegura a Rajoy un resultado parecido: ganan los socialistas.