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  • Raul del Pozo

Rodea el Congreso

Hay cientos de miles de jóvenes desalojados de la historia que vuelven a las andadas, a las corridas y a las cargas, pensando que septiembre es mayo y que hay que seguir luchando aunque sea segura la derrota. Como en París en el 68, como en Portugal en el 74, los airados piensan que les cerrarán las calles pero ellos abrirán, a la larga, el camino. Rodear el Congreso, no tomarlo, es la idea del 25-S. Enseguida les han caído encima todas las abominaciones.

La charlatana delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, ha declarado que se han infiltrado en las filas de los indignados elementos nazis, sin añadir que también se han colado muchos maderos disfrazados de rojos. Dolores de Cospedal, con ojos de antidisturbio, ha comparado la manifa con el 23-F y los niños desbravados le contestan que su acción es para defender la democracia, aunque hay grupos radicales que imaginan utopías y están dispuestos a asediar y disolver las Cortes. No tienen ni idea de lo que es el poder.

Lo que me ha maravillado es lo poco que ha evolucionado el ingenio verbal de los revoltosos; vuelven con la vieja canción de la ametralladora, bellos y jóvenes, y llaman a una rebelión contra los poderes fácticos. ¿Quiénes son hoy esos poderes? ¿Creen, acaso, que son esos diputados de llave? Yo creo que los poderes reales no viven en el Hemiciclo. Sin embargo los de la Comuna hacen bien en moverse, porque si no se mueven, mueren. Pero no olviden nunca que el arte de la protesta, después de tantos fracasos, sólo puede ser obediente con el único régimen con sentido: la democracia.

El poder está por encima de las columnas corintias, en pocas manos, siempre con los mismos guardias. Se decía hace unos meses que Rajoy era el hombre más poderoso de España. ¿Y qué queda de él? ¿Acaso no se pondrá a las órdenes de los hombres de negro? El poder no se esconde hoy solo en el Ejecutivo, en el Judicial, en el Legislativo. Ya comentó el Barbas de Tréveris que el poder político sólo es la autoridad de una clase por un tiempo limitado. Antes se hablaba de la Trilateral, ahora del Bildeberg, de Bill Gates, pero el que te machaca puede ser un capo de la mafia o un espía con licencia para matar.

Los indignados piensan, tal vez con acierto, que atacar al Gobierno casi nunca es equivocación. Leo La banda de la tenaza, de Edward Abbey, escritor de rifle y cantimplora, autor de culto de los hippies: «Siempre hay que estar listo para defender tu país, contra su gobierno». Claro que los personajes de Abbey prefieren matar a un capitalista que a una serpiente del desierto.