Polémica / Montaje literario

¿Eugenia Rico como la nueva Virginia Woolf? Falso

La escritora dice que no tiene nada que ver con la inventada crítica elogiosa del 'Times' que promocionó su último libro

La escritora Eugenia Rico, durante la promoción de su nuevo libro. / EFE

«La vida es como una montaña rusa: sube, baja, sube y al final siempre baja. En la montaña rusa, si uno no se anda con cuidado, acaba rompiéndose los morros contra el suelo. En la vida, haga lo que haga, uno siempre se rompe los morros contra el suelo...». Así comienza Eugenia Rico su relato El balneario. Un inicio que, cosas del azar, puede servir de metáfora a la experiencia rocambolesca que la escritora (Oviedo, 1972) está viviendo en estos momentos.

«No me lo puedo creer. Todo lo que está sucediendo es una pesadilla, una broma pesada, una venganza, un atentado contra mí y mi carrera en el momento en el que mejor me van las cosas», comentaba la autora ayer a este periódico, asegurando que va a llegar hasta las últimas consecuencias para aclarar quién le hizo llegar una crítica falsa extremadamente elogiosa hacia su persona y su obra.

Todo comenzó con la promoción de su último libro, El final de la raza blanca, un conjunto de cuentos publicado por la editorial Páginas de Espuma que llevaba en su faja promocional una frase llamativa, «la Virginia Woolf de la era facebook», supuestamente escrita en una reseña por la crítica de The New York Times Michiko Kakutani, un texto que nunca existió, aunque circuló entre los medios de comunicación incluido en una página del prestigioso diario. El caso podría haberse quedado ahí de no haber sido por la entrada en escena de un incendiario y anónimo blog literario que responde al nombre de Patrulla de Salvación, desde el que se sospechó de tan encendidos elogios.

Ante la puesta en entredicho del texto y las críticas ácidas hacia determinadas campañas de promoción, el editor Juan Casamayor, un profesional serio que si de algo pudo pecar fue de exceso de confianza, respondió enviando al blog el archivo en PDF que reproducía una página de la edición del 7 de diciembre de 2010 del Times. Desdeel blog se pidieron disculpas y se retiraron los posts, pero indagaciones paralelas llevó a sus responsables a seguir dudando de la autenticidad de la página, por ejemplo, el mal estilo en el que estaba escrita la reseña y la discordancia de fechas entre los distintos textos que la componían.

Al hacer sus propias comprobaciones, Páginas de Espuma confirmó que efectivamente todo era falso y se apresuró a pedir desde su página web disculpas a sus lectores por lo sucedido. Hasta aquí los hechos, pero ahora llegan las preguntas.

¿Dónde está el origen de toda la historia? La escritora cuenta que fue ella la que hizo llegar el artículo a su editor y que a su vez a ella se lo envió su agente estadounidense, Catherine Anderson, que lo recibió de una cuarta persona.

¿Quién ha engañado a quién? Aunque la historia pueda leerse desde un punto de vista frívolo lo cierto es que sería provechoso que el asunto llevase a un análisis más de fondo sobre el alcance de las mentiras, de los rumores, sobre el aumento de la desconfianza en una sociedad en la que crece la sensación de que todos -empezando por los gobernantes- mienten.

Aunque prefiere mantenerse en el anonimato, un editor reflexionaba ayer sobre la vorágine promocional, sobre la presión -más acentuada por la crisis y el contagio de las redes- a la que están sometidos y que les lleva a intentar difundir y amplificarlo todo al máximo.

«Eugenia Rico es una autora muy activa, con mucha energía, que lleva sus promociones muy personalmente, hasta el punto de mantener contacto personal con los libreros», comenta su editor en Suma de Letras, Pablo Álvarez, sello que ha vendido en España unos 30.000 ejemplares de Aunque seamos malditas, la novela que ha supuesto el desembarco de Rico en Alemania.

Ayer en las redes sociales empezaba a circular la idea de que tal vez el éxito de la autora en ese país no sea tanto como ella dice. «Espero aclarar todo esto en breve, pero el daño es casi irreparable. Será difícil recuperar la confianza, acabar con las dudas que todo esto está cerniendo sobre mí», se lamenta la autora.